"Carte Blanche" a Tino Sehgal

 

“Carte Blanche” a Tino Sehgal 

 

Luego del argelino Phillipe Perreno en el 2013, Tino Sehgal artista anglo-alemán, presenta su más grande y reciente performance en el Palais de Tokyo en París. Un espacio majestuoso de 13.000 metros cuadrados dedicado al arte contemporáneo sin alguna conexión con Japón.

 

Sehgal aparece con sus “situaciones construidas” creadas para reinventar el concepto de exposición del siglo XX, conectando inéditamente más de 300 intérpretes entre las  edades de 8 y 82 años con un público mixto. Como siempre, efímera y sin documentación.

 

No hay objetos, no hay carteles, solo seis obras cuidadosamente seleccionadas y creadas por el mismo. El viaje comienza con la pregunta ¿Qué es un enigma? luego de cruzar la cortina de perlas transparentes creada por el artista conceptual-minimalista cubano Félix González-Torres. Sehgal también invitó a los artistas franceses Daniel Buren con una instalación en el techo del primer piso, y Pierre Huyghe con Living/Cancer/Variator (2016), el argelino Philippe Parreno y la dominicana Isabel Lewis.

 

No sabemos qué sucede. No logramos identificar quiénes son intérpretes, visitantes, y de repente hasta perdemos la noción de nuestra propia identidad. Una performance que se debe vivir a solas; es decir, vulnerables, introspectivos, abiertos a que cualquier cosa puede suceder.

 

Un sonido de baile y canto nos lleva hacia una habitación a oscuras. La pieza central, una coreografía con canto acapela que inicia totalmente a oscuras engañando la visión y que lentamente se va aclareciendo ante la mirada de cada visitante. Una mezcla de break dance, hip hop y danza contemporánea mezclados con los sonidos creados por la boca y el cuerpo físico; sencillamente maravilloso.

 

Una vez sales del cuarto oscuro un intérprete te lleva de la mano y te da la bienvenida a un espacio luminoso y vació que se transforma en un paseo largo. Te toma de la mano un niño y te pregunta acerca de tu opinión sobre el progreso. La conversación continúa mientras caminas y te encuentras con un adolescente, luego un de treintañero, y así sucesivamente cuestionan preguntas distintas, a veces hasta incómodas. Las historias del interlocutor final, el más viejo, crean una sincronicidad, un sentimiento de conexión extraña.

 

Todos, por supuesto, no tendremos la oportunidad de vivirlo. Estuve allí el día del “vernissage” en París y lo recuento con ganas de crear imaginarios, de compartir una experiencia profunda con ese sentimiento revolucionario. El trabajo de Sehgal nos obliga a enfrentar y evaluar el futuro de nuestra sociedad, pero sobre todo nuestra propia fuerza y fragilidad.

 

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